Manual de Reparaciones

Cómo reparar un control remoto de televisión que no funciona los botones

Un botón de silencio que se queda pegado casi nunca es culpa de la televisión. Ese es el primer dato que hay que aceptar antes de sacar el desarmador y ponerse a forzar plástico. Dentro del mantenimiento del hogar, el control remoto de TV es de los aparatos más agradecidos: la mayoría de las veces el problema es de contacto, no de circuito quemado, y una limpieza de contactos bien hecha resuelve más casos de los que la gente imagina. Hay, eso sí, dos preguntas que separan una reparación electrónica de quince minutos de una tarde entera peleando con la carcasa: ¿el control manda señal infrarroja o no manda nada?, y si la manda, ¿falla nada más un botón o fallan varios? De esas dos respuestas depende si vas a limpiar, a resucitar goma con grafito, o de una vez a comprar un reemplazo universal.

Nada de esto exige ser electricista con cédula. Basta con tener paciencia, un par de herramientas baratas y saber en qué momento parar antes de arruinar la placa. La mayoría de los controles que llegan a mis manos traen el mismo cuadro: alguien los golpeó contra el sillón, les picó el botón con un palillo, o los dio por muertos sin revisar antes lo obvio. Vamos entonces por orden, empezando por lo que casi nadie revisa antes de destapar nada.

El botón que no truena: primer diagnóstico del control remoto

Antes de tocar un tornillo hay que descartar lo tonto. Saco las pilas y reviso los resortes de metal buscando ese polvo blanco o verdoso que aparece cuando una pila se derrama. Si aparece esa costra, ya sabemos que el problema es corrosión y no goma gastada, y eso se trata distinto. Si los resortes están limpios, reviso que las pilas todavía tengan carga pareja entre sí; en otros aparatos ahí sí saco el multímetro para probar continuidad, pero con el control basta un par de pilas nuevas para despejar la duda sin gastar en instrumentos.

El truco que más uso para no perder tiempo es el de la cámara del celular. La luz infrarroja que manda el control es invisible para el ojo, pero cualquier cámara de teléfono la capta como un destello morado o blanquecino. Apunto el foquito del control hacia el lente, pico los botones uno por uno y observo la pantalla. Le funciona igual a un control de aire acondicionado que a uno de televisión, aunque ahí ya nos saldríamos del tema de hoy.

Prueba con la cámara del celular para verificar la señal infrarroja del control remoto antes de la reparación electrónica

Si el destello sale fuerte en todos los botones menos en el que falla, el diagnóstico ya está prácticamente hecho: es un problema de contacto interno en ese botón, no de electrónica general. Si en cambio no sale nada de nada en ningún botón, ahí sí sospecho primero de las pilas y después de la placa completa, en ese orden, sin saltarme pasos.

Cuando la señal se ve bien pero la tele sigue sorda, el problema probablemente ya no está en el control sino en el receptor de la pantalla, y ahí cambia todo el enfoque. Ese tipo de fallas las cubro aparte, por ejemplo cuando expliqué cómo reparar una televisión con imagen oscura pero que tiene sonido, porque ya estamos hablando de las tripas de la pantalla y no del mando.

Abrir la carcasa sin dejarla mordida

Los controles modernos casi no traen tornillos visibles. Vienen cerrados a presión con pestañas de plástico internas que parecen diseñadas para romperse a la primera provocación. Meterle un cuchillo de cocina o un desarmador plano grueso deja el borde mascado, como si un perro le hubiera dado una probadita.

Prefiero usar una tarjeta de plástico vieja, de esas de lealtad del súper que ya no sirven para nada más. Busco la unión en el costado, meto la esquina de la tarjeta y la voy deslizando por toda la orilla, despacio. Los crujidos que se escuchan dan miedo, pero son nada más las pestañas soltándose una por una. Alguna vez compré un kit de espátulas de plástico para celulares pensando que sería mejor herramienta, y la verdad me pareció sobrevalorado: la tarjeta vieja hace exactamente el mismo trabajo sin esperar ningún envío. Un control muy pegajoso por líquido derramado exige ir milímetro a milímetro; ahí no hay atajo que valga, solo paciencia.

Apertura de la carcasa del control remoto con una tarjeta de plástico durante el mantenimiento del hogar

Adentro aparecen tres piezas: la tapa superior, la membrana de goma con los botones, y la placa verde de circuitos. Ahí suele salir un olor particular a alcohol viejo mezclado con el polvo que se acumula durante años entre las rendijas, un olor a electrónica guardada que ya reconozco antes de ver nada.

Limpieza de contactos: grasa vieja o grafito gastado

Al separar la goma de la placa casi siempre aparece una capa aceitosa y transparente, como melaza. Mucha gente cree que algo se derramó encima, pero casi siempre es la misma silicona de los botones degradándose con el tiempo y el sudor de las manos. Esa grasa es la que impide que el botón haga contacto eléctrico con la placa, no un cable roto ni nada más grave; a diferencia de una plancha o de un cargador, aquí no hay ningún cordón que revisar.

Antes de meterle alcohol a nada, sácale las pilas al control, eso es innegociable, igual que con cualquier aparato que abras. Si al abrirlo encuentras ese polvo blanco o verdoso de corrosión en los resortes, no lo talles con los dedos pelones: es una sustancia alcalina que puede irritar la piel, así que lo levanto con un cotonete o con guantes delgados y lo tiro directo a la basura, nunca al lavabo.

Uso alcohol isopropílico de limpieza porque se evapora rápido y no deja residuo de agua que oxide las pistas de cobre. El detalle que casi nadie advierte es que si tallas muy fuerte los círculos negros detrás de cada botón de goma, te llevas la capa de grafito con la misma pasada. Ese grafito es el que cierra el circuito cuando presionas el botón, y si lo borras, no vuelve solo.

Limpieza de contactos de la placa de circuito del control remoto con alcohol isopropílico y cotonete

Humedezco un cotonete y paso casi acariciando la goma, sin tallar. Si el algodón sale negro, me detengo ahí mismo, porque ya estoy quitando el material conductor y no la mugre. Limpio la placa verde con un trapo que no suelte pelusa hasta que quede brillante, sin dejar hilos sueltos que después hagan puente donde no deben.

¿Lápiz de grafito o papel aluminio para revivir un botón muerto?

Cuando el grafito de la goma ya se gastó, pasa sobre todo en el botón de encendido y en el de cambiar de canal, los que más se usan, la limpieza sola no alcanza. Ahí elijo entre dos trucos según qué tan desgastado está el círculo. Si todavía queda algo de grafito pero débil, uso un lápiz blandito, de esos 2B o 4B, y repinto el círculo negro varias veces hasta sentirlo parejo. El grafito del lápiz es conductor y en la mayoría de los casos basta para cerrar el puente otra vez.

Si el círculo ya no tiene nada de grafito original, el lápiz no sirve de mucho y paso al papel aluminio. Corto un cuadrito minúsculo, del tamaño del botón, y lo pego con una gota mínima de pegamento instantáneo sobre el contacto de goma. Aquí sí se necesita pulso firme: si el aluminio toca el contacto vecino, el botón se queda como si estuviera presionado todo el tiempo, sin soltar nunca. Entre los dos trucos, el lápiz es el que pruebo primero porque es reversible y no ensucia nada; el aluminio lo dejo para cuando ya no hay grafito que rescatar.

A veces el círculo dañado no es tan obvio a simple vista, y ahí ayuda una segunda opinión. Le mandé foto de un circuito particularmente confuso a Tecla Briones, compañera del mismo curso en línea que vive en Puebla, y como hace siempre, contestó con un dibujo hecho a mano señalando por dónde probablemente se había cortado el puente. Esa costumbre suya de esquematizar cada circuito antes de opinar me ha ahorrado más de un diagnóstico equivocado.

Para quien además le gusta meterle mano a motores más grandes, dejo por aquí el enlace al mejor curso de mecánica de motos para aprender a reparar motores. Pero volvamos al control, que el aluminio no se pega solo.

Aplicación de grafito de lápiz sobre los botones de goma para restaurar el contacto del control remoto

El resorte que sale volando al cerrar el control

Ya con todo limpio y los contactos listos, toca cerrar, y aquí pasa lo que yo llamo el micro infarto de cualquier reparación casera. Los contactos de las pilas son resortes metálicos montados a presión en ranuras de la carcasa, y si cierras sin fijarte, uno puede salir disparado como si tuviera vida propia.

Me ha tocado quedarme un buen rato buscando un resorte perdido debajo del sillón con una linterna, estirando el brazo entre las pelusas y rezando que la aspiradora no se lo hubiera tragado antes. Sin ese resorte, la pila no hace contacto y toda la limpieza anterior no sirve de nada. Antes de presionar las dos mitades para cerrar, reviso que cada resorte esté bien calzado en su ranura, un segundo de repaso que evita media hora de búsqueda.

Revisión de resortes y contactos de pilas dentro del control remoto de TV durante la reparación electrónica

Cuando se oyen los clics de las pestañas volviendo a su lugar, meto las pilas y pruebo cada botón que antes fallaba.

¿Conviene reparar el control o mejor comprar un universal?

No todo tiene arreglo, y hay que saber cuándo retirarse a tiempo. Si al abrir el control la placa verde tiene manchas blancas que ya se comieron el cobre, o las pistas están negras y levantadas por el ácido de las pilas, ahí mejor ni le muevo más. Esa corrosión avanzada suele dejar puentes rotos que son un problema para soldar, y aunque limpies la superficie, el daño de abajo sigue ahí.

Tampoco me meto con controles de equipos médicos o de seguridad, aunque sí le entro parejo a lavadoras y a planchas de cabello, por ejemplo cuando expliqué cómo reparar una plancha de cabello que calienta de un solo lado. Un control de TV es de los aparatos menos riesgosos que vas a abrir en tu casa, y eso ya es ganancia.

La frontera queda más o menos así: repara tú mismo cuando el problema es grasa, grafito gastado o un resorte fuera de lugar, son fallas de contacto, baratas de resolver y sin mayor riesgo. Compra un universal cuando la placa muestra corrosión avanzada, pistas levantadas o manchas que ya cambiaron el color del cobre; ahí el costo de tu tiempo supera por mucho lo que cuesta un reemplazo nuevo.

Vale la pena poner esto en perspectiva frente a otras reparaciones. Hace unos días un lector, Epifanio Zavala, me escribió por correo contándome de un microondas que prendía pero no calentaba nada; siguió los pasos que expliqué en su momento, pero se atoró justo antes de descargar el capacitor y me pidió orientación, como de costumbre ya había mandado fotos del interior del aparato antes de preguntar nada. Ese es un tipo de reparación donde sí hay que respetar el peligro de la carga eléctrica guardada. Un control remoto, en cambio, no tiene nada parecido: corre con pilas de bajo voltaje y no guarda carga en ningún lado, así que el riesgo real es mínimo, el mayor peligro aquí es tu paciencia, no la corriente.

Esa costumbre de descartar antes de confirmar me ha jugado en contra más de una vez. Alguna vez di por muerto el motor de una licuadora porque, al abrirla, me llegó un olor ácido, como a barniz quemado, desde la bobina del motor. Pensé que el devanado ya estaba frito y que no había nada que hacer, pero el motor en realidad solo necesitaba piezas nuevas y baratas, el olor me engañó por completo. Cambié lo que había que cambiar y la licuadora volvió a funcionar sin problema. Desde entonces reviso siempre las partes más sencillas de un motor antes de sentenciarlo a la basura, sea de licuadora, de taladro o de cualquier otra cosa con motor.

Ese tipo de aviso equivocado es la razón por la que ahora confío más en lo que confirmo que en lo que huelo. Con una lavadora, por ejemplo, sé que el diagnóstico estuvo bien no por el olor sino por cómo termina el ciclo: cuando el centrifugado sale parejo, sin ese golpeteo seco que se siente cuando algo todavía no cierra bien, ahí sé que la reparación quedó completa. Con un control remoto pasa algo parecido a menor escala: el botón que responde igual de parejo en cada toque, sin que haya que insistirle, es la prueba de que el contacto quedó bien y no a medias.

Un control que no truena no está condenado casi nunca; la mayoría de las veces solo pide que alguien le dedique un rato con paciencia y alcohol isopropílico en la mano correcta. Si el tuyo dejó de hacer caso, ábrelo con calma antes que a golpes contra el brazo del sillón, tus dedos, tu bolsillo y el control mismo te lo van a agradecer.

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