Manual de Reparaciones

Cómo reparar un horno eléctrico que no calienta por una resistencia quemada

Una vecina me trajo su hornito favorito un domingo por la tarde; olía a pan quemado de hace meses, de ese que se queda pegado en las esquinas, pero el cristal seguía frío como el hielo aunque lo pusieras al máximo. Ella estaba preocupada porque ya se veía comprando otro, y con lo que cuestan ahorita las cosas, pues no está la situación para andar tirando lo que tiene arreglo. Yo le dije que me lo dejara un par de días para ver si era la resistencia o si de plano ya había pasado a mejor vida.

Lo primero que hago siempre, y esto se los digo como vecino que ya se llevó un par de sustos, es desconectar el aparato. Parece obvio, pero a veces con las prisas se nos olvida y la corriente de 127V que tenemos aquí en las casas de México no perdona. No soy técnico titulado ni tengo licencia, solo soy el mañoso de la cuadra que aprendió a respetar los cables a base de toques. Si algo se ve muy negro o huele a plástico quemado del feo, mejor ni le muevan y llamen a un profesional, porque con la luz no se juega.

Abriendo las tripas del hornito (sin perder los tornillos)

Para empezar a ver qué tiene, hay que quitarle la carcasa. Normalmente son un puñado de tornillos pija en la parte de atrás y a los lados. Yo uso un platito o una tapa de frasco para ir echando todo lo que saco, porque luego sobran tornillos y eso nunca es buena señal. Mientras quitaba la tapa metálica de este horno, me pasó lo de siempre por andar de confiado: se me resbaló un tornillo y se fue directo al fondo, escondiéndose entre la fibra de vidrio que sirve de aislante. Estuve casi diez minutos picoteando con un imán hasta que lo saqué; esa fibra pica un montón si la tocas sin guantes, así que tengan cuidado.

Buscando un tornillo perdido entre el aislante de fibra de vidrio del horno

Ya con las tripas por fuera, lo que busqué fueron señales de quemaduras. A veces los cables que van a las resistencias se tuestan por el calor que generan los 1500W de potencia que suelen tener estos aparatos. Si ves un cable que se deshace al tocarlo, ahí tienes el problema. Pero en este caso, los cables se veían bien, firmes y en su lugar. Lo que tocaba ahora era sacar el multímetro, esa herramienta que me enseñó a usar un tutorial que vi hace tiempo y que me ha salvado de muchas. Si no saben usarlo, hace poco platiqué sobre qué hacer si mi cafetera no calienta el agua, donde explico un poco más cómo estas cosas dejan de pasar corriente.

El diagnóstico: ¿Es la resistencia o el termostato?

Aquí es donde mucha gente se equivoca. Ven que no calienta y corren a comprar la resistencia nueva, pero a veces el culpable es el termostato de seguridad. Este componente es como un policía que corta el paso de la luz si siente que el horno se está pasando de tueste para que no se vaya a incendiar la cocina. Si el termostato falla y se queda 'abierto', el horno simplemente no va a prender aunque la resistencia esté nueva.

Puse mi multímetro en la función de continuidad (la que hace un ruidito de 'bip'). Si tocas las dos puntas del cable de corriente y te da una lectura cercana a 0 ohms, es que el cable está íntegro. Luego me fui directo a las puntas de la resistencia. Puse una punta del multímetro en cada extremo del tubo de cuarzo. El aparato se quedó mudo. No hubo 'bip' ni numeritos en la pantalla. Eso significa que el circuito está abierto; la resistencia por dentro se rompió, seguramente por el uso o por un bajón de luz de esos que nos tocan cuando llueve fuerte.

Prueba de continuidad con multímetro en la resistencia de cuarzo del horno

Para estar seguro de mi teoría del termostato, también lo probé. Ese sí chillo de inmediato, marcando continuidad perfecta. Así que ya lo tenía: el problema era el elemento calefactor, que básicamente funciona por el Efecto Joule, convirtiendo la electricidad en ese calorcito que nos tuesta el pan. Si el camino está roto, no hay calor.

La maña para cambiar la resistencia de cuarzo

Conseguir el repuesto fue el siguiente reto. No todos los hornos usan la misma medida, así que me llevé la pieza rota a la tienda de electrónica. Después de un par de semanas buscando, conseguí una que le quedaba, aunque el soporte metálico no encajaba a la primera. Tuve que aplicarle un poco de 'maña', doblando apenas un milímetro la ceja de metal para que el tubo entrara sin presión. Si fuerzas un tubo de cuarzo, se truena antes de que termines de armar el horno.

Un truco que aprendí por las malas es usar guantes de nitrilo o un trapo limpio para agarrar la resistencia nueva. Si la tocas con los dedos desnudos, la grasa de tu piel se queda pegada en el vidrio y, cuando el horno calienta, esa grasa crea un punto de calor que termina rompiendo el cristal. Es el mismo principio que cuando uno tiene que reparar el faro delantero de una moto; si tocas el foco con los dedos, se funde más rápido.

Instalación de una nueva resistencia de cuarzo usando guantes de protección

Conecté las terminales apretando bien los tornillos. Si dejas un cable flojo, va a empezar a sacar chispas y se va a quemar el plástico protector. Hay que sentir que el tornillo muerde bien el cable, sin miedo pero sin barrerlo. Antes de cerrar todo, le di una soplada con aire comprimido para quitar las migajas viejas que se habían acumulado cerca de los contactos eléctricos.

La prueba de fuego y el brillo naranja

Una noche de lluvia torrencial, de esas que te dan ganas de comer algo calientito, terminé de armar el hornito. Lo conecté con cuidado, asegurándome de que no hubiera herramientas tiradas cerca. Al girar la perilla del tiempo, me quedé mirando fijamente a través del cristal. A los pocos segundos, empezó a aparecer ese brillo naranja reconfortante que tanto nos gusta.

Lo que más me gusta de este momento es escuchar el chasquido metálico que hace la carcasa al expandirse cuando la nueva resistencia calienta por primera vez. Es como si el aparato estuviera estirando los huesos después de mucho tiempo dormido. También empezó a oler un poco como a quemado, pero era normal: es el barniz de fábrica de la pieza nueva que se está asentando. Le recordé a la vecina que si ese olor persistía o si olía a plástico derretido, lo apagara de inmediato y me lo trajera de vuelta, porque a veces los aislantes se acomodan mal al cerrar la tapa.

Reparar estas cosas no es magia, es paciencia. Muchas veces pensamos que algo ya es basura porque no prende, pero casi siempre es una pieza de unos cuantos pesos la que está dando lata. Si tu horno no corta al llegar a la temperatura, el proceso es distinto, parecido a reparar un hervidor de agua que no corta al hervir, donde el problema suele ser el sensor de temperatura y no la resistencia. Al final, la vecina se fue feliz con su horno funcionando y yo me quedé con la satisfacción de que un aparato más no terminó en el basurero antes de tiempo.

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