
Una tarde lluviosa de esas que calan hasta los huesos en Toluca, a finales del año pasado, un vecino me trajo su refrigerador que 'nomás no arrancaba'. Ya le querían cobrar una fortuna por el motor, pero yo, que ya le agarré el modo a estos aparatos, sospeché de algo más sencillo. El pobre hombre estaba preocupado porque se le iba a echar a perder la comida, y es que aquí en Toluca, aunque haga frío afuera, adentro de la caja blanca las cosas necesitan su temperatura justa.
Esa vez, mientras tomábamos un café para calentar el cuerpo, le expliqué que antes de pensar en el compresor, hay que ver si el cerebro del aparato, que es el termostato, no se quedó dormido. No soy técnico titulado ni tengo papeles de electricista, pero entre tutoriales y un par de cursos que me aventé en línea, aprendí que muchas veces el culpable es una cajita que cuesta una fracción de lo que vale un motor nuevo. Probarlo no tiene tanta ciencia si tienes un multímetro a la mano y un poco de paciencia.
¿Qué es esa cajita y por qué falla?
El termostato es el que manda. Básicamente, es un interruptor que abre y cierra el paso de la corriente dependiendo de qué tan frío esté el ambiente adentro. Lo que mucha gente no ve es que tiene un tubito largo, como un popote de metal muy delgado llamado capilar, que está lleno de un gas especial. Cuando ese gas se enfría, se contrae; cuando se calienta, se expande. Ese movimiento es el que empuja un contacto interno.
El problema es que, con los años, esos contactos se chispean o se pegan. A veces escuchas el chasquido metálico casi imperceptible de la perilla al girarla, buscando ese 'clic' que indica que el contacto interno debería estar cerrando, pero aunque suene, por dentro ya no hay paso de luz. Otras veces, el gas del capilar se sale por un poro invisible y entonces el termostato se queda 'abierto' para siempre, pensando que ya está lo suficientemente frío cuando en realidad la leche ya se cortó.

Seguridad ante todo: El respeto a los 127V
Antes de meterle mano a cualquier cosa, hay que entender que estamos trabajando con el voltaje nominal doméstico en México, que son unos 127V según la norma. Si no desconectas el refrigerador, te puedes llevar un susto que te deje bailando. Yo siempre digo que hay que respetar la corriente porque ella no perdona. La primera vez que probé uno de estos, hace ya tiempo, olvidé descargar el capacitor y el susto del chispazo me dejó temblando la mano un buen rato. Por eso, regla de oro: cable fuera del enchufe.
Si ves cables pelados, quemados o hueles a plástico achicharrado antes de abrir, mejor detente. Ahí ya no es solo probar una pieza, sino revisar que no haya un corto más serio. Pero si todo se ve limpio, vamos a lo que sigue. Necesitas llegar a donde está la perilla de control. Normalmente hay un par de tornillos ocultos bajo una tapita de plástico. Quítalos con calma, sin forzar, que el plástico frío se vuelve quebradizo y luego ya no sella bien la luz del refri.
Preparando el multímetro digital
Para esta chamba no necesitas el equipo más caro del mundo. Un multímetro digital básico funciona perfecto. Lo que vamos a buscar es la 'continuidad'. Si tu aparato tiene esa función que chilla cuando juntas las puntas, úsala. Si no, ponlo en el ajuste de escala de resistencia común, que suele ser de 200 ohms. Esa es la escala estándar mínima para ver si un circuito está cerrado o roto.
Cuando juntas las puntas de prueba, el multímetro debe marcar casi cero (o pitar). Eso significa que el camino está libre para la electricidad. Si lo pones en las terminales del termostato y marca un '1' a la izquierda o dice 'OL', significa que el camino está cortado. Pero ojo, que aquí es donde mucha gente se equivoca: probarlo a temperatura ambiente no siempre te dice la verdad completa.

La prueba del vaso con hielo: El momento de la verdad
Aquí es donde entra mi 'maña'. A veces el termostato marca continuidad cuando hace calor, pero en cuanto baja la temperatura, el mecanismo interno se traba y no abre cuando debe, haciendo que el refrigerador congele hasta las verduras. O al revés. Por eso, después de un par de días de observación con el refri del vecino, decidí hacer la prueba real.
- Saca el termostato de su lugar, pero no le cortes el capilar (el tubito de metal). Si lo doblas muy fuerte o lo rompes, ya puedes ir tirando la pieza a la basura.
- Identifica las dos terminales principales. Normalmente son las que traen los cables que vienen de la corriente.
- Pon las puntas del multímetro ahí. Con la perilla en 'encendido' (en cualquier número que no sea cero), te debe dar continuidad.
- Ahora viene lo bueno: mete la punta del capilar en un vaso con agua y mucho hielo. Queremos acercarnos al punto de congelación del agua, que son los 0°C.
- Gira la perilla hacia el mínimo (donde apenas debería enfriar). Si el termostato sirve, al sentir el frío del hielo, el contacto interno debe abrirse y el multímetro debe dejar de pitar o marcar resistencia infinita.
Si metes el capilar en hielo y el aparato sigue marcando continuidad por más que le muevas a la perilla, es que se quedó pegado. Ese termostato ya no sirve. Por el contrario, si nunca marca continuidad ni siquiera afuera del hielo, es que el gas se escapó o el contacto se quemó por dentro. En el caso del refrigerador del vecino, me di cuenta que la pieza estaba 'pegada' mecánicamente; por más frío que hiciera, el contacto nunca se abría.
Reflexiones finales del vecino mañoso
Al final, el vecino se sintió muy aliviado al ver que solo era una pieza de repuesto barata y no el motor. Me invitó otros tacos de plaza por el favor. La verdad es que aprender a usar estas herramientas te ahorra mucho dinero y te quita el miedo a lo desconocido. Eso sí, si al abrir ves que los cables están todos derretidos o si el aparato huele a barniz quemado, ahí sí mejor ni le muevas y llama a un profesional, porque el problema puede estar en el devanado del compresor. Si tienes duda sobre cómo se ve un motor dañado, hace poco escribí sobre cómo saber si el motor de mi lavadora está quemado, que aunque es otro aparato, los olores y las señales de corto son muy parecidos.

No todo se arregla con un multímetro, pero un buen porcentaje de las fallas en la casa son solo piezas que se cansan de trabajar. No soy médico, soy solo el que abre las cosas para ver por qué no prenden, así que siempre usa el sentido común: si algo chispea o te da desconfianza, detente. La electricidad se respeta, pero no se le teme si sabes por dónde va el camino.
Si después de probar el termostato ves que todo está bien pero el refrigerador sigue haciendo cosas raras, como ruidos extraños en el motor o simplemente no arranca a pesar de tener corriente, puede que el problema sea el capacitor de arranque. Es una falla muy común también en lavadoras, y de hecho, tengo una guía sobre los pasos para cambiar el capacitor de una lavadora que te puede servir para entender cómo funcionan esos botes de energía.