Manual de Reparaciones

Cómo saber si el motor de mi lavadora está quemado

Un motor que zumba pero no gira no es lo mismo que un motor que ya se quemó, aunque para quien tiene la lavadora detenida a media carga los dos casos suenen igual de graves. El primero casi siempre se resuelve revisando un par de piezas baratas; el segundo, casi siempre, termina en la báscula del deshuesadero. Ya he destapado bastantes lavadoras en mi colonia de Toluca para saber que la mayoría de la gente sentencia al motor antes de tiempo, y eso sale caro.

Antes de entrarle a fondo, una aclaración rápida: en este espacio a veces dejo enlaces de afiliado hacia cursos o herramientas. Si terminas comprando algo por ahí, a mí me cae una comisión y a ti no te cuesta ni un peso extra. Solo recomiendo lo que yo mismo he probado o estudiado, para no dejarte la lavadora peor de como te la encontré.

Zumbido sin giro: la diferencia entre un motor cansado y uno muerto

Cuando el motor de una lavadora se rinde, primero avisa por el olfato. Las bobinas de cobre están protegidas por un barniz aislante que aguanta bastante calor, pero cuando el motor se sobrecalienta más allá de la temperatura límite de aislamiento de ese barniz, este se quema por dentro. El resultado es un aroma dulzón y metálico a barniz de cobre chamuscado que se queda pegado en la nariz un buen rato, muy distinto al plástico derretido de un cable pelado o a la goma quemada de una banda floja.

Hace poco tocó a mi puerta una vecina con la lavadora detenida a media carga. En cuanto abrí la tapa trasera del motor, ese olor específico de las bobinas no dejaba lugar a dudas, y al asomarme por las ranuras vi el polvillo negro pegado alrededor: el residuo del aislamiento que se vaporizó por dentro. Además del olor, la lavadora hacía un zumbido bajito y corto al intentar arrancar, el motor se sacudía contra el piso sin dar ni una vuelta completa, como si empujara algo que ya no podía mover.

Aquí está el criterio que uso para decidir si sigo probando o paro de una vez: si el motor tarda de más en arrancar o suelta ese zumbido corto antes de tomar vuelo, apago la lavadora ahí mismo. Seguir metiéndole ciclos completos con un arranque forzado es justo lo que termina de quemar un devanado que todavía se podía salvar.

Primer plano de un motor de lavadora con bobinas de cobre quemadas y hollín negro en las ranuras

Antes de sentenciar el motor, revisa a estos sospechosos

La gente se equivoca más en este punto, y es donde más dinero se va a la basura. Mi vecino Doroteo Salgado llegó una vez con la lavadora completa cargada en la camioneta, él siempre trae el aparato entero, nunca solo la pieza que sospecha, después de que un taller le dijera que el motor estaba quemado. Bastó con revisar el capacitor de arranque para ver que ahí estaba el problema entero: esa pieza se seca con el tiempo y, si el motor zumba pero no arranca, conviene descartarla primero, porque cambiarla sale bastante más barato que un motor nuevo. Aquí explico paso a paso cómo cambiar el capacitor cuando la lavadora no gira, y es casi siempre el primer sospechoso antes de firmar el acta de defunción del motor.

Otro sospechoso típico por aquí son los cables mordidos. Con tanto campo cerca de Toluca, los ratones buscan el calor del motor y se cenan el cableado; un cable roto en el común hace que el motor parezca muerto sin estarlo. Antes de destapar nada, vale la pena echar un ojo a la zona donde entran los cables a la carcasa, buscando marcas de mordidas o aislante pelado.

La transmisión trabada es el tercer sospechoso: a veces el motor está sano, pero el sarro amarró los engranes o la banda se atoró. Quita la banda y gira la polea del motor con la mano, con la lavadora desconectada; si gira libre, el problema es eléctrico, si está dura, es mecánico. Hay un cuarto caso que ni siquiera tiene que ver con el motor: en una lavadora de las que sí llevan resistencia para calentar el agua, alguien había parchado un cable flojo cerca de esa resistencia con cinta aislante de las baratas, y el calor terminó derritiéndola. Lo que parecía un corto grave en el motor era nada más esa cinta chorreada sobre el arnés; cambié el tramo con cable de silicón, que sí aguanta el calor junto a una resistencia, y el motor de esa lavadora nunca tuvo nada.

Ese arreglo de cable es aparte del motor: si el cable de alimentación está pelado o mordido, es una reparación en sí misma y no tiene nada que ver con lo que pasa adentro de las bobinas.

Aviso de seguridad de Aldo: no soy técnico titulado ni electricista con licencia, solo el vecino que le sabe. Antes de tocar cualquier cable, desconecta la lavadora del contacto y descarga el capacitor tocando sus dos terminales con un desarmador de mango aislado; a mí me faltó ese paso una vez y el toque me durmió el brazo un buen rato.

¿Cómo mido las bobinas con el multímetro?

Para estar seguro, más allá del olfato y el oído, uso el multímetro. La mayoría de motores de lavadora tienen tres terminales, el común, el de arranque y el de trabajo, y la prueba consiste en medir la resistencia entre cada par. Mi vecino Porfirio Nájera, que no se pierde estas visitas, saca su calculadora de bolsillo en cuanto empiezo a sumar los números de las bobinas, como si desconfiara de mi aritmética de cabeza.

Pongo el multímetro en la escala de ohms y toco los tres pares de terminales uno por uno. Si en cualquier combinación la pantalla marca línea abierta o se va a cero, ya sé que el bobinado está roto o en corto por dentro, y ahí se acaba la discusión. Medir la continuidad entre los devanados es justamente eso: confirmar si el camino eléctrico dentro del motor sigue completo o si ya se cortó en algún punto, la señal más clara de que se quemó sin remedio fácil. Lo otro que reviso es que la resistencia de la bobina de arranque más la de trabajo dé más o menos la misma suma que la medida entre los dos cables que no son el común; si los números no cuadran ni de cerca, el cobre ya se cruzó adentro.

Multímetro midiendo la continuidad entre los terminales del motor de una lavadora

Algunos motores llevan además un termofusible interno que se sacrifica antes de que las bobinas se quemen del todo, algo parecido al fusible que protege el sistema eléctrico de un coche cuando algo se pone feo. Si te está costando agarrarle la mano a este tipo de mediciones, no eres el único, a mí me costó, y lo que más me ayudó a entender por qué un motor a veces marca bien en frío pero se calienta a los pocos minutos fue el curso de Técnico en Reparación de Electrodomésticos. Cubre justo lo que más se descompone en casa, lavadora, microondas, refrigerador, aunque todavía tiene pocas reseñas, así que le bajaría un poco a las expectativas antes de apuntarte.

Para la cuarta semana de irle agarrando la mano al multímetro en serio, ya no dependía solo del oído para confiar en un diagnóstico. Cerré una plancha que había reparado antes y sentí cómo el calor llegaba parejo de punta a punta de la placa, sin ese dejo a plástico tibio que antes me dejaba dudando si había quedado bien. Esa misma confianza, medir primero y confirmar después, es la que le aplico ahora a las bobinas de un motor de lavadora.

Los motores Inverter cambian las reglas

Con las lavadoras Inverter la historia cambia por completo, y las reglas de antes ya no aplican igual. Estos motores no se conectan directo a la corriente de la casa: llevan una placa electrónica que decide cómo y cuándo girar, así que no intentes medir continuidad como en un motor común, porque puedes dañar los sensores internos sin querer.

Si el motor no gira en una Inverter, casi siempre el problema está en la tarjeta de control o en un sensor de posición, no en las bobinas, igual que en un microondas, donde el magnetrón rara vez se salva pero casi nunca es lo primero que falla. En una Inverter, el motor quemado puede verse impecable por fuera mientras la pantalla te avienta un código de error; es un terreno que pide más paciencia y menos fuerza bruta que destapar un motor viejo.

Ir más a fondo con estas placas tiene su curso aparte, si te late: el Técnico Auxiliar en Electrónica va bastante más allá de lo que necesitas para una lavadora, pero abre la puerta a reparar cosas que otros técnicos ni tocan por miedo a lo digital.

Rebobinar o reemplazar: cómo decido

Cuando destapé el motor de esa vecina, ya en mi banco de trabajo del garage, ese rincón en Valle Matlatzinca con las charolas de refacciones separadas por tipo de aparato, el alambre de cobre no tenía ese brillo de moneda nueva, sino un morado casi negro, cubierto de hollín. Estaba cruzado por dentro, sin remedio.

Ahí siempre me enfrento a la misma disyuntiva: decirle al dueño que lo tire o intentar rebobinarlo. Rebobinar es casi un oficio aparte, hay que sacar todo el alambre viejo, limpiar el estator y volver a enrollar cientos de vueltas de cobre nuevo con el barniz correcto, que tarda su buen rato en secar bien. Sin el equipo adecuado, es fácil que quede desbalanceado y suene peor que antes.

Comparación entre bobinas de motor de lavadora sanas y bobinas quemadas por sobrecalentamiento

A esa vecina le hablé con la verdad: un motor usado en buen estado o uno genérico nuevo le costaba casi lo mismo que mandarlo a rebobinar con un profesional, así que terminó comprando uno nuevo para no arriesgarse. Si a ti te llama la atención aprender ese oficio, existe un Taller de Bobinados bastante bueno, aunque es para gente con manos firmes y paciencia de sobra, no es el tipo de reparación que resuelves en una tarde.

La lección que me llevo de estos casos es simple: huele, escucha y mide antes de sentenciar nada. Si el aroma es a barniz quemado, el motor tiene hollín por dentro y el multímetro no da números que cuadren, ya no hay vuelta atrás. Pero si el zumbido es corto y el motor solo se traba, casi siempre el capacitor, un cable mordido o la transmisión son los culpables reales, y esos sí se arreglan en casa con las herramientas correctas: multímetro, un desarmador de mango aislado y algo de paciencia.

Si notas que las manos te tiemblan más de lo normal frente al panel eléctrico, contrata a un electricista con cédula profesional para esa parte puntual; no hay reparación que valga un buen susto. Para el mantenimiento del día a día, lo que más motores salva es no forzar un arranque cuando el motor ya avisó con ese zumbido corto, y revisar cada tanto que la lavadora esté bien nivelada, porque un motor que trabaja chueco se calienta de más con el tiempo. Si quieres ir más a fondo con estas mañas, el curso de reparación de electrodomésticos que mencioné arriba sigue siendo, para mí, la mejor puerta de entrada para dejar de adivinar y empezar a diagnosticar con calma.

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