Manual de Reparaciones

Cómo reparar la marcha de una moto que no quiere arrancar

Cuatro milímetros: ese es el grosor mínimo que le queda a un carbón de marcha antes de que deje de hacer contacto y la moto solo responda con un clic seco al apretar el botón de arranque. En cualquier reparación casera de mecánica de motos, esa cifra debería ser lo primero que se revisa, porque la creencia más repetida sobre el mantenimiento del sistema eléctrico de una moto es que, si la marcha no jala, hay que cambiarla completa o resignarse a comprar una nueva. Esa es la confusión que vale la pena tirar a la basura: la marcha casi nunca muere de golpe, se apaga por dentro poco a poco, y buena parte de las veces el arreglo cabe en la palma de la mano.

Antes de aprender a distinguir un carbón gastado de un motor realmente muerto, di por muerto el motor de una licuadora que en realidad solo necesitaba carbones nuevos. Cuando por fin se los cambié, encendió sin ese tufo a motor forzado y el vaso giró parejo, sin jalones, ahí entendí que había estado a nada de tirar una pieza que todavía servía. Los carbones de la marcha los conseguí después en el mismo puesto de refacciones eléctricas del Mercado Juárez de Toluca, donde también venden esas piezas para licuadoras y taladros.

¿Batería, solenoide o marcha? Así se distingue la falla en el sistema eléctrico

El primer sospechoso siempre es la batería, no la marcha. Con un multímetro —la herramienta que más uso para cualquier chequeo eléctrico en casa— mido los postes en reposo: una batería sana debe rondar los 12.6 voltios, y si marca menos de 12, el problema es de carga y no de la marcha. Si la batería está bien y solo se escucha ese clic metálico seco al apretar el botón, el siguiente sospechoso es el solenoide o relevador de arranque, el botecito donde llegan los cables gruesos: ahí los bornes se sulfatan y la corriente se pierde antes de llegar al motor. Es el mismo tipo de caída de tensión invisible que hay que perseguir al diagnosticar fallas eléctricas en el sistema de un carro usado, aunque ahí casi siempre terminas revisando un fusible de más antes de encontrar la corrosión real.

Multímetro midiendo 12.6 voltios en la batería de una moto durante el diagnóstico del sistema eléctrico

Bajar la marcha sin arruinar los tornillos

Antes de aflojar un solo tornillo, desconecta el borne negativo de la batería: así evitas que un contacto accidental entre el cable positivo y el chasis te dé un toque o dañe algo más caro que la marcha. Un par de tornillos la sostienen en su sitio, casi siempre de 8 milímetros, pero el calor del motor y el agua de la calle los dejan agarrotados. Aquí es donde mucha gente comete el error de forzarlos con una perica en lugar de un dado de la medida exacta; tengo la perica sobrevalorada para casi cualquier otro trabajo, pero aquí es la peor opción porque redondea la cabeza del tornillo a la primera de cambios. Si no ceden de inmediato, un poco de aflojatodo y unos minutos de espera hacen más que la fuerza bruta.

Ya suelto el cable de corriente que viene del relevador, la marcha sale hacia atrás con un par de golpecitos de un mango de madera —nunca de metal— contra el cárter, hasta que despega.

Lo que el polvo negro dentro de la marcha realmente significa

Adentro de la carcasa, sobre un trapo para no ensuciar la mesa, casi siempre aparece el mismo polvo negro y fino que se pega a los dedos: es el desgaste de los carbones, las piezas de grafito que le pasan la corriente al rotor de lo que en el fondo es un motor de corriente continua. Cuando ese polvillo se acumula demasiado, empieza a hacer puente entre contactos que no deberían tocarse, y ahí nace el clic sin arranque.

Carbones desgastados de la marcha de una moto, señal de desgaste en el sistema eléctrico

La regla que sigo para saber si conviene limpiar o de plano cambiar los carbones es la misma que mencioné al principio: por debajo de los 4 milímetros de grosor ya no hacen suficiente presión contra el colector, así que toca reemplazarlos en vez de solo limpiarlos. Es un principio parecido al que uso para saber cómo saber si el motor de mi lavadora está quemado: si el cobre se ve brillante bajo la mugre todavía hay remedio, pero si el embobinado se ve negro parejo o suelta un olor a barniz quemado, ya no.

Limpiar el colector y los carbones sin pasarte de tueste

Con una lija de agua fina —del calibre más suave que tengas a la mano— limpio el colector, la parte de cobre del rotor donde rozan los carbones, hasta que recupera un tono cobrizo parejo. Entre las delgas, las ranuras de cobre donde se acumula el polvo de carbón, uso una aguja para sacar los residuos sin rayar el metal, porque ahí es donde la corriente brinca a donde no debe. Un baño con limpiador de contactos electrónicos quita la grasa sobrante, y reviso que los resortes que empujan los carbones todavía tengan fuerza pareja.

Limpieza del colector de cobre de la marcha con lija fina, mantenimiento casero de moto

Los cables de tierra atornillados al cuerpo de la marcha, si están oxidados, se lijan también — es el mismo tipo de chequeo de continuidad eléctrica que le hago al termostato de un refrigerador con el multímetro, aunque ahí busco otra lectura distinta.

La prueba que confirma si la reparación funcionó

Al armar, los imanes del cuerpo jalan el rotor hacia un lado, así que conviene ir parejo para no morder el empaque — si le entra agua la próxima lluvia, el trabajo dura poco. En los bujes de los extremos, una gota mínima de grasa basta; de más, esa grasa termina en los carbones y arruina la limpieza que acabas de hacer.

Antes de volver a montarla en la moto, la probé suelta con la misma batería y un par de cables de pasar corriente: negativo al cuerpo, un toque de positivo al tornillo de entrada, y el piñón giró parejo con un zumbido limpio, sin el golpeteo seco que traía al principio. Contarle esto a Tecla Briones, una compañera del grupo de WhatsApp del curso de electrónica casera donde nos resolvemos dudas, fue casi automático — lo primero que preguntó fue por el diagrama del circuito, porque siempre trae su libreta con los esquemas dibujados a mano de cada aparato que revisa.

¿Cuándo mejor no meterle mano tú mismo?

Hay reparaciones eléctricas caseras donde limpiar no basta. Si el embobinado del rotor se ve negro parejo o los cables aislantes están tostados y quebradizos, ya no es cuestión de lija sino de rebobinado o pieza nueva, y eso mejor déjaselo a un electricista o a un taller especializado en motores pequeños. Lo mismo pasa con el capacitor de arranque de una lavadora que no gira: ahí el chequeo y la descarga segura son otro tema, distinto al de una marcha, y no conviene improvisar solo porque ya sabes usar un multímetro.

Algo parecido me preguntó por correo Epifanio Zavala, un lector que se atoró revisando un microondas que prendía pero no calentaba nada: siguió los pasos bien hasta que llegó a la descarga del capacitor de alto voltaje, y ahí sí pidió orientación antes de tocar nada, porque ese componente guarda corriente aunque el aparato esté desconectado.

Revisar un cable pelado de la marcha, en cambio, se parece más a remendar el cable de una plancha: si el daño es solo en el aislante, un par de minutos bastan, pero si el cobre de adentro ya se ve deshilachado, cambia el tramo completo en lugar de parcharlo.

La lección práctica es esta: antes de gastar en una marcha nueva, vale la pena abrir la vieja y medir los carbones contra esos 4 milímetros. Si están por encima de la medida y el colector responde bien a la lija, casi siempre alcanza con limpiar; si están por debajo o el cobre ya se ve corroído sin remedio, ahí sí toca cambiar la pieza completa. Esa diferencia es la que separa una reparación de una tarde de un gasto que no hacía falta.

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